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lunes, 3 de noviembre de 2008

A LA MEMORIA DE NADIE II

ATRAVESANDO

A Charles Bukowski


Leyendo en el pasado,
leyéndote
supe de los días cercanos
en los que prescindiría de tener
lo necesario para sobrevivir

acumulando poemas
y mentes...

acechando lo que podría haber sido
una posibilidad,
contemplando un silencio omnívoro
y lo furtivo de la apariencia
de la vida cotidiana
y la melancolía presente
sin saber, sin querer
ni poder
ver.

Entiendo que los errores
aniquilan las ansias;
quiero imaginar que es verdad
que fui yo quien torció el brazo al destino

Ahora siento tu suerte
de viejo puñal que lastima la noche
atravesando a los que soñaron alguna vez
la posibilidad de tocar estrellas distantes y hermosas
algún mundo brillante
sin pensar en la ceguera

Es profundo el dolor de
lo incompleto,

la soledad
se asemeja a la hora del mediodía

se asemeja a las horas que paso frente a mi,
sin saber distinguir
sin hacer distinciones
(como tú)

entre luz y penumbra
entre derrota o poesía.

jueves, 30 de octubre de 2008

A LA MEMORIA DE NADIE I

Abro con la serie de poesías A LA MEMORIA DE NADIE, el pequeño gesto de gratitud hacia mis maestros-guías en la palabra, en el decir de la vida.


LA INVENCIÓN DEL VIAJE

A Enrique Molina

La tierna y sutil savia de los memorándum
carne y piedra de viaje hacia los trópicos,
blancura gris de siniestra ola que acarrea la infinita pausa de la memoria de todo;
que al final del naufragio ineludible, sobre su cresta, mostrará su única máscara.

Hacia el Fin es que vamos,
remarcando el paso de los días apuñalados por relojes sin más horas que darnos,
por presencias que fueron, a la vez que desaparecidas en el clamor de la batalla,
la pérdida del enemigo más necesario.

Todo se aleja con el calor,
con el estío las mujeres dirigen el sudor del sexo hacia los polos,
para mover las mareas, para mover las mareas;
y hacer de las palabras y los rituales prohibidos por la naturaleza,
la naturaleza misma,
la condición del hombre eternamente enamorado.

La batalla en el cruel clamor de la incertidumbre,
el viaje de sol a sol por los jardines de los cuerpos de antaño,
el recorrido por la humedad divina de las nuevas constelaciones lentamente desnudadas
te sirvieron para hacer del amor la perfecta incorpórea forma de las necesidades.